Archivos Mensuales: diciembre 2011

EL PRÍNCIPE Y LA ESTRELLA

 Había una vez hace muchísimo tiempo, un bosque muy lejano, era un bosque encantado donde ningún ser humano había puesto los pies. Un día llegó a ese bosque un príncipe, que se había perdido por sus infinitos caminos, el pobre príncipe estaba algo asustado pues la noche extendía su manto y la oscuridad se cernía sobre él.

 Se rascó la frente preguntándose cual de aquellos caminos sería el de vuelta a su confortable castillo, pero su sorpresa fue mayúscula cuando sus dedos descubrieron que una cremallera partía desde su nuca recorriendo toda su espalda. La curiosidad superó el miedo a la oscuridad y sus dedos abrieron la cremallera, cayendo su piel como si de un disfraz se tratase, dejando a la vista un ser de luz, que desplegó unas hermosas alas.

 Entonces el príncipe descubrió que él nunca había sido humano, sus potentes alas le elevaron a los cielos nocturnos, llenándole de felicidad, pues aquel vuelo le había dado lo que siempre había anhelado: LIBERTAD

 El ser de luz descubrió en el firmamento una estrella que brillaba por encima de las demás, y a medida que se acercaba una cálida sensación de bienestar le indicaba el camino hacia ella. Cuando por fin sintió que estaba muy cerca, la calidez de la energía de la estrella se, transformó en calor, un calor abrasador.

   —¿Quién eres tú, que desprendes semejante energía? —Quiso saber el ser de luz.

   —Soy una estrella como tú, ven acércate, tócame y te transformaras en la estrella que estas destinado a ser —Le respondió.

 El ser de luz acercó su mano a la estrella y sintió dolor, un dolor tan intenso que la retiró con rapidez.

   ―Duele, duele mucho.

   ―No tengas miedo, puesto que tú también eres una estrella y no te va a ocurrir nada malo.

 Por segunda vez el ser de luz extendió la mano intentando tocar la estrella, pero una fuerte sacudida de dolor le hizo aullar en la oscuridad del firmamento, en su mente apareció una Letanía contra el Miedo, que había leído en un libro que encontró enterrado en las dunas de una playa.

 “No huiré del miedo. El miedo destruye el ser. Me enfrentaré a mi miedo. Dejándolo fluir. Y cuando haya pasado a través de mí. Veré que ya no queda nada. Sólo estaré yo.”

 El ser luminoso intentó con todas sus fuerzas superar el dolor, aferrándose a la Letanía, pero una segunda sacudida de dolor le obligó a retirar la mano, y temeroso de que volviera el dolor se alejó de la estrella.

 Su miedo al dolor le había vencido, y comprendió por fin que él nunca sería una de esas estrellas que brillan en el firmamento.

 Se posó en el bosque encantado, recogió el disfraz que era su piel, se lo ajustó a su cuerpo plegando con cuidado las alas y cerró la cremallera de su disfraz que era su piel.

 Levantó la vista y entre las ramas de los árboles contempló las estrellas.

   ―Quizás algún día…

 Y sin romper el silencio del bosque desapareció entre su espesura, buscando el modo de hallar el camino de regreso a su confortable castillo.

Under the Milky Way por Juvertson – http://www.flickr.com/photos/jurvetson/898622334/

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